Nacido en Osorno un 28 de septiembre de 1963, Germán Adolfo Bielefeldt Van Oosterwijk ha recorrido un camino donde la disciplina, la curiosidad intelectual y la pasión han sido constantes. Su vida profesional la ha desarrollado en el ámbito de la gestión pública —es Cientista Político, con magíster en Gestión Pública y diplomados en Salud Pública y Administración de Salud— y desde hace 36 años se desempeña en el Servicio de Salud de Osorno. Pero más allá de su vocación profesional, hay una pasión que ha marcado su existencia y que lo acompaña desde la infancia: el ajedrez.
Una historia que comenzó en familia
Germán creció en una familia numerosa de clase media, con seis hermanos y una vida marcada por el sacrificio y el esfuerzo. Fue su madre y su tío quienes le enseñaron las primeras jugadas, herencia directa de su abuelo materno, un apasionado del juego que llegó a ser presidente del histórico Club Carlos Peralta de Osorno.
“Aprendí ajedrez a los 11 años, en 1975. Desde entonces, no me he despegado más del tablero. Al año siguiente ya era subcampeón infantil de Osorno y comencé a vivir el ajedrez con mayor seriedad”, recuerda Germán.
Ese fue solo el inicio de una trayectoria que suma 50 años frente al tablero, casi 500 torneos disputados y más de un centenar de títulos obtenidos. Entre ellos destacan sus tres coronas como campeón absoluto de Osorno (1988, 1989 y 2010) y su reconocimiento como Maestro Nacional de Ajedrez, distinción otorgada por la Federación de la época.
El ajedrez como arte
Aunque el ajedrez se define a la vez como deporte, ciencia y arte, Germán tiene claro con qué se identifica más. “Hoy para mí es definitivamente un arte”, afirma. Y es en ese ámbito donde ha alcanzado uno de sus mayores legados: se ha transformado en el mejor exponente chileno en composición artística de problemas de ajedrez, con obras publicadas en revistas especializadas de España, Italia, Rusia, Finlandia, Singapur y Argentina, y con siete premios internacionales en esta disciplina.
Un formador y escritor apasionado
Desde 1981 ha enseñado ajedrez a niños, jóvenes y adultos, convencido de que este juego desarrolla habilidades cognitivas y valores fundamentales para la vida: lógica, memoria, perseverancia, respeto y toma de decisiones. “Ningún alumno mío la ha pasado mal en la vida. Muchos son hoy médicos, abogados, ingenieros, arquitectos, empresarios. El ajedrez no solo forma jugadores, forma personas”, afirma con orgullo.
Su pasión por enseñar también lo ha llevado al mundo de los libros. Autor de once obras, entre manuales y novelas, Germán se ha convertido en una de las voces más prolíficas del ajedrez chileno. Su trilogía novelada —Jaque a la Razón (2005), Deuda Saldada (2008) y Secreto Mortal (2014)— ha recibido elogios en Chile y en el extranjero. De hecho, Deuda Saldada fue seleccionada en la antología española Las Letras Juegan al Ajedrez (2023) como una de las 40 mejores novelas modernas con trama ajedrecística.
Otros de sus libros, como Apuntes de un Maestro de Club y Hijo de la Pandemia, lo han posicionado como un autor que sabe transmitir su experiencia práctica de una manera cercana y didáctica.
Más allá del tablero
Aunque el ajedrez ocupa un lugar destacado en su vida, Germán tiene otras pasiones. La música es una de ellas: es un coleccionista con cerca de 700 CDs, principalmente de rock, pop y música progresiva. El deporte es otra: es corredor de fondo y habitual participante de carreras populares en la región. “Dentro de mi edad soy bastante respetable como corredor, sin ser excelente. Ahí no soy maestro, pero lo disfruto igual”, comenta entre risas.
Un legado desde el sur
Hoy, a sus 62 años, Germán se define como un jugador retirado de la alta competencia, aunque sigue participando en torneos de ritmo rápido y blitz, donde la experiencia aún le permite rendir al máximo. Más que competir, su misión es transmitir lo aprendido y dejar un legado.
“Quiero ser recordado como un gran referente del sur. Nunca he sido un jugador brillante, pero sí he entregado gran parte de mi vida al ajedrez. Como dice mi editor en España, yo soy el Gran Maestro del Pueblo, pero de a pie”, reflexiona.
En un tiempo donde las redes sociales parecen reinar, Germán mantiene un estilo distinto, más cercano y humano. Sus libros los vende personalmente, en torneos y eventos. “No es un negocio, es un pasatiempo que busca dejar huella”, dice con humildad.
Su historia es la prueba de que la perseverancia, la pasión y la autenticidad pueden construir un legado que va mucho más allá de un tablero de 64 casillas.
Quienes deseen conocer más de su trabajo o adquirir sus libros, pueden contactarlo a través de su Facebook: Germán Bielefeldt.







