Aprender a valorar el hoy: la historia de Constanza Ricouz con el cáncer

Constanza Ricouz Bergen, de 34 años, mamá primeriza y residente de Osorno, ha enfrentado dos diagnósticos de cáncer de mama. Su historia es un testimonio de resiliencia, amor y fe, y un llamado a la prevención y al autocuidado. En el Mes Rosa, comparte su experiencia para inspirar a otras mujeres a valorarse y a actuar a tiempo, demostrando que incluso en los momentos más difíciles, la vida puede sorprender con milagros y aprendizajes.

En septiembre de 2021, Constanza sentía un ardor en el seno izquierdo, como pinchazos internos que no desaparecían. “Sentía pinchazos como agujas, pero no le di importancia… hasta que un día, en la ducha, sentí un porotito. Le conté inmediatamente a mi mamá y ella me llevó al doctor”, recuerda.

La ecografía y la mamografía confirmaron la noticia que nadie espera: cáncer de mama. “Fue un balde de agua fría. Solo tenía 29 años y creía que el cáncer era para gente mayor. No sabía cómo decírselo a mis padres, especialmente a mi mamá, que también había sido paciente oncológica. Pero me dijo con firmeza que Dios siempre tiene la última palabra y que saldríamos de esto”, relata.

Constanza se sometió a mastectomía parcial, 16 quimioterapias, 15 radioterapias y hormonoterapia con tamoxifeno. A pesar del miedo, encontró fuerza en su fe y en su familia.

El tratamiento afectó su identidad y autoestima. “Perder mi cabello fue devastador. Mi pelo rizado era parte de mi feminidad y autoestima. Lo superé con actitud: a veces usaba peluca, a veces mostraba mi cabeza al aire, me maquillaba, me ponía bonita, intentaba sentirme bien dentro de lo posible”, recuerda.

Constanza decidió que su enfermedad sería una oportunidad de aprendizaje. “Siempre sentí que el cáncer no venía a matarme, sino a enseñarme. Me hizo valorar el presente, disfrutar de las cosas simples: un café caliente, la lluvia, un abrazo. Me enseñó a amar más intensamente y a vivir sin miedo”, reflexiona.

 

El milagro de la maternidad

Después de meses de tratamientos, cirugías y quimioterapia, la maternidad parecía un sueño casi imposible para Constanza. La quimioterapia había afectado su fertilidad, y tras dos pérdidas gestacionales previas, la incertidumbre sobre si algún día podría ser madre la había acompañado durante años. “Cuando me dijeron que quizás no podría ser mamá, fue más doloroso que el diagnóstico mismo. Lloré noches enteras. No podía imaginarme jamás sosteniendo a mi hijo”, recuerda.

A pesar de la angustia, Constanza decidió aferrarse a la fe y a la esperanza. Su pareja se convirtió en su sostén emocional, recordándole que un paso a la vez era suficiente. “Él siempre me decía: primero pon todas tus fuerzas en superar el cáncer, y después confía. Si es de Dios, llegará en el momento indicado”, cuenta. Esta paciencia y confianza fueron clave para enfrentar la incertidumbre.

Meses después del último tratamiento, Constanza vivió un momento milagroso: la reaparición de su menstruación, señal de que sus ovarios funcionaban nuevamente. Tras un proceso de seguimiento con especialistas, un test positivo confirmó lo que parecía imposible: estaba embarazada. “No podía creerlo. Lloré de emoción. Todo lo dejé en manos de Dios, y había llegado mi momento. Fue un milagro absoluto”, relata.

El embarazo no solo representó la culminación de un sueño, sino también un símbolo de resiliencia, esperanza y vida renovada. Cada día durante la gestación fue un recordatorio del valor de la vida y de la fuerza que la acompañó desde el primer diagnóstico. Constanza recuerda cómo aprendió a vivir con gratitud en cada etapa: sentir los movimientos de su bebé, escuchar su corazón latir por primera vez y visualizar el futuro lleno de amor que le esperaba.

Convertirse en madre transformó profundamente a Constanza, no solo en lo emocional, sino también en lo físico y espiritual. “Ser mamá me dio la fuerza y la motivación para hacer cambios positivos en mi vida. Me hizo cuidar mi salud, mejorar mis hábitos de alimentación, aumentar mi actividad física y dedicarme tiempo a mí misma, porque quiero estar presente y saludable para mi hijo”.

La maternidad también fortaleció su propósito de vida y su vocación de ayudar a otros. Inspirada por su experiencia, decidió convertirse en Coach de Bienestar y Distribuidora Independiente de Herbalife, ayudando a otras personas a mejorar su salud, nutrición y autoestima. “Mi hijo me enseñó a luchar no solo por mí, sino también por quienes amo y por aquellos a quienes puedo guiar hacia una vida más saludable”.

El vínculo con su hijo no solo le dio esperanza, sino también un sentido profundo de propósito y motivación para vivir plenamente cada día. Aprendió que, incluso en las circunstancias más difíciles, el amor puede convertirse en una fuerza transformadora: “Él me recuerda que cada día cuenta y que vivir con amor y gratitud es la mejor manera de enfrentar la adversidad”, concluye.

El regreso del cáncer

Tras tres años en remisión, el cáncer regresó de manera más agresiva y metastásica, afectando pulmones y ovarios. La noticia fue devastadora: “Se nos vino el mundo abajo. No teníamos certeza de cuántos años de vida tendría, fue un golpe fuerte. Pero decidí cambiar el chip: tengo tumores pequeños, puedo llevar el tratamiento como una enfermedad crónica y decidí vivir cada día como si fuese el último”, comenta.

La maternidad y su hijo se convirtieron en su motor: “Ahora no estoy sola. Mi hijo es mi fuerza. Tengo que enseñarle que no es lo que te pasa, sino cómo respondes a ello lo que marca la diferencia”, explica.  La fortaleza de Constanza se basa en Dios, su familia, pareja y comunidad. “Mi pareja ha sido un pilar fundamental, mis padres y hermanos me apoyan constantemente, y mis amigos y seguidores en Instagram me acompañan con oraciones y energía positiva. La unión hace la fuerza”, asegura.

Cada momento cotidiano se convirtió en un tesoro: “Disfruto de cosas que antes daba por sentado, como sentir el sol en mi cara, escuchar a mi hijo decir ‘mamá’ o simplemente respirar con salud. Cada día es un regalo”, asegura.

“Kota” comparte su historia públicamente para concientizar sobre la importancia del autocuidado. “Hay dos tipos de personas que ven mi contenido: las que se inspiran y se hacen sus chequeos, y las que no quieren ir al médico por miedo. Mi mensaje es claro: tócate, hazte el autoexamen y los chequeos preventivos. Un diagnóstico oportuno puede salvarte la vida.”

Su propósito es claro: libertad de tiempo y económica, dejar un legado, viajar y, sobre todo, inspirar a otros. “Trabajo en mí cada día para ser un ejemplo e inspiración para los demás. No es lo que te pasa, sino lo que haces con lo que te pasa”, dice con convicción.

Constanza concluye con un mensaje de fe y prevención: “No pierdan la fe. Cada día es un regalo y debemos vivirlo con amor, gratitud y plenitud. Hazte chequeos, tócate, y recuerda: un diagnóstico a tiempo puede salvar tu vida. Los tiempos de Dios son perfectos y siempre tiene un plan mejor. Aférrate a tu motor, sea tu familia, tu hijo o un sueño, y vive cada día con actitud positiva”.

Su historia es un testimonio de coraje, resiliencia y amor por la vida, y un poderoso recordatorio de la importancia de la prevención y el cuidado personal en la lucha contra el cáncer de mama.

Puedes seguirla en su instagram @soykotaricouz

Fotografía de Portada @margarethgrablestudio