Hablemos de Amor, por la Sexóloga Marcela Gallo

Nuestra columnista la Dra. Marcela Gallo F. nos trae una nueva entrega. Imperdible.

Ig @marcelasexologa

Si me preguntaran a mí, una humilde sexóloga incipiente, respecto a las temáticas que abordaría en las clases escolares de “sexualidad”, sin duda lo primero que mencionaría sería el tema del Amor. Es que si supiéramos desde pequeñas(os) que aquellos cuentos de príncipes y princesas que nos relataban en nuestra infancia sin mala intención, arraigaron en la sociedad la equivocada idea de que el amor romántico es el único amor real y duradero, provocando con ello muchas veces argumentos aparentemente lógicos para la perpetuación de relaciones más bien poco saludables e incluso dañinas, entonces creo que tomaríamos  decisiones diferentes. 

 

Este complejo proceso y la aparente falta de cordura que puede llegar a causar, ha sido motivo de curiosidad durante cientos de años, lo que ha llevado a estudios en la materia,  consolidando conceptos tales como “las etapas del amor”:

La primera etapa, y con la cual confundimos al Amor como tal, es el amor romántico o “enamoramiento” o también llamada “pasión romántica”, caracterizada por la irresistible necesidad de conquista, la posesión y la pasión. Esto no sólo obedece a un proceso cognitivo, sino también fisiológico representado por la elevación de neurohormonas tales como la adrenalina y noradrenalina que median respuestas como intencionalidad de conquista y, acción y reacción, respectivamente, y de Dopamina, neurohormona que juega un papel fundamental en el proceso, provocando la intensa sensación de placer y  conllevando con ella a la búsqueda incesante de situaciones que produzcan la misma respuesta placentera, al mismo tiempo que nubla procesos cognitivos de razonamiento.  

En la segunda etapa, lideran el proceso la vasopresina y la oxitocina, ésta última conocida como la neurohormona del apego que contribuye a la creación del vínculo afectivo entre las partes enamoradas. Aquí el razonamiento empieza a acentuarse más allá de lo pasional y prima la idea de un proyecto de vida y la decisión de compartirlo con la otra persona, por lo que esta etapa incluye la decisión voluntaria de ambas partes de continuar juntas, o, por el contrario, de separarse e ir en busca de alguien más con quien compartir el camino. Aquí ya no se encuentra presente la “obsesión de conquista” sino más bien el placer de la compañía, la satisfacción de una comunicación efectiva, el afán de bienestar mutuo y la participación conjunta en la elaboración de un proyecto compartido; a todo esto se le llama Inteligencia Emocional, meditación basada en el binomio me gusta/me conviene, descrito por el doctor Gregorio Marañón en su tratada de sexualidad, en la cual la conveniencia, si bien tiene como uno de sus aspectos el carácter económico, se refiere más bien a varios aspectos gobernados por lo racional, siendo algunos de ellos la salud, la eugenesia, las redes sociales, la comunicación, entre otros.  Este análisis consciente e inconsciente asociado al afecto innato, conllevan a la perduración del vínculo amoroso como tal. 

Finalmente, la tercera etapa, se define como una nueva vida, donde se consolida el hogar y se disfruta de lo construido, es una fase de “presencia y compañía”, donde prima la voluntad de fomentar cada día actos correspondientes al bienestar de la pareja, el hogar y la familia. 

Y entonces ¿Cuál es la importancia de todo esto?

Un motivo de consulta frecuente entre mis pacientes es la preocupación o angustia de la pareja, o al menos una de sus partes, por la falta de la pasión que los embriagaba en etapas iniciales de su relación, muchos de ellos cuestionando una relación aparentemente madura y saludable, la cual solo carece de frecuencia de encuentros sexuales. Este pensamiento fatalista del amor se sustenta en la percepción colectiva de que la primera etapa es la única realmente válida y también de algunas publicaciones que indican que la pasión aparenta ser la única diferencia entre la amistad y el Amor. 

La realidad basada en la ciencia, es que el deseo y la frecuencia sexual no son lineales en la pareja, sino más bien varían con el tiempo, con una probabilidad de mayores encuentros sexuales al principio de la relación, disminuyendo éstos con el tiempo, fluctuando en ciertas circunstancias, a cambio de la estabilidad en la relación, en la cual ambas partes buscan el desarrollo pleno, acompañándose y amándose en este camino.  Es por ello que la definición de Amor que personalmente me parece más completa y sincera es la que indica que el Amor es un “Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear”.

El amor de tu vida no es, ni será, aquella persona con la cual tuviste mayor conexión sexual, sino  más bien aquella, con la que aún no teniendo tantos encuentros sexuales, te siente pleno(a), desarrollado(a) y feliz.

 

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