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Editorial Revista

Invasores nocturnos: la parálisis del sueño y sus malas jugadas

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Por: Agustín Oyarzún Velásquez – Profesor de Lenguaje y Comunicación / Investigador Paranormal

Facebook: Paranormal Austral – paranormalaustral@gmail.com

“Una noche desperté y no me podía mover, mucho menos hablar; sentía además que me faltaba el aire… de pronto, a los pies de mi cama, vi algo que me asustó aún más de lo que ya podía estar: había alguien viéndome. Estaba tan oscuro que no lograba ver su rostro o algo que me ayudara a identificarlo, y antes siquiera que intentara de algún modo gritar y pedir ayuda, aquel que estaba observándome se subió a la cama y se acercó a mí. Como pude, intenté moverme y cubrirme con la sábana, mientras sentía como el extraño trepaba sobre la cama, aplastándome y acercándose a mi pecho, o eso me parecía, al sentirlo presionado. Lentamente comencé a recuperar la movilidad y tras unos eternos minutos pude soltar un grito de ayuda. Me destapé en busca del invasor, pero no había nada”.

Lo que acaban de leer es parte de los relatos más frecuentes en cuanto a experiencias paranormales se refiere: la aparición de un extraño ser en la habitación mientras nos encontramos completa y absolutamente inmóviles, siendo capaces únicamente de mover los ojos y respirar dificultosamente. La sensación de peligro inminente nos invade y el miedo nos aprisiona, y cuanto más tratamos de luchar por movernos más terrible se torna todo. La sensación de ser prisioneros, de encontrarnos atados a nuestra cama en compañía de un invasor que probablemente busca hacernos daño, es horrible. Más aún, cuando entre los muchos relatos al respecto existen descripciones que señalan a estos seres como, entre otras cosas, con aspecto humanoide, ojos rojos, dientes afilados y dotados de garras, hacen más terrorífica la experiencia.

Sin embargo, han de saber que esto es más corriente de lo que podemos creer. Y no guarda relación con lo paranormal como tal, aunque si bien, la idea de que “se subió el muerto” – como suele denominarse a esta experiencia coloquialmente – hace inmediata referencia a ello, no lo es.

La parálisis del sueño, fenómeno con el cual se conoce a este tipo de experiencias, sucede, en palabras simples, cuando el cuerpo se encuentra aún dormido, pero el cerebro está activo. Esto ocasiona que despertemos de improviso y solo podamos controlar el movimiento de los ojos, la respiración de manera dificultosa y leves movimientos de cuello. Así, inmediatamente nuestros primeros pensamientos nos remiten a que alguien nos ha atado a la cama; de igual modo, comenzamos a ver seres extraños, invasores, en la habitación, que pretenden dañarnos: no tienen forma ni rasgos definidos, solo creemos saber que quieren dañarnos e intentan asfixiarnos, sin embargo, lo cierto es que esa sensación de ahogo no es más que un intento de nuestros músculos por recuperar movilidad, movilidad que lentamente iremos recuperando, hasta el punto de poder hablar y levantarnos normalmente, eso sí, tras un lapso de dos a cinco minutos aproximadamente.

Como una forma de controlar esta afección del sueño, se recomienda mantener la calma e intentar controlar la respiración, y concentrarse en mover únicamente una sola parte del cuerpo, de forma que no se gaste energía innecesariamente y no se caiga en la desesperación. En cuanto a las visiones, han de convencerse que solo son eso, y que nada pueden hacerles.

No cabe duda que es una experiencia terrible, que yo mismo he vivido, pero es más común de lo que creemos, ya que es altamente probable que todos alguna vez la sufran o la hayan sufrido. En casos más extremos, esta puede tornarse una condición diaria, que pueden explorar en el documental The Nightmare (2015), disponible en YouTube, en donde se revisan las experiencias de ocho personas que sufren de parálisis del sueño, en donde cuentan sus experiencias y las posibles explicaciones a las visiones que experimentan durante esos momentos.

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