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Detrás de cada mesa que inspira, de cada objeto escogido con cuidado y de cada experiencia que conmueve los sentidos, hay una mujer que ha hecho de la pasión su forma de vida. Su nombre es Judith Chaperon, aunque quienes la conocen saben que prefiere el nombre que la representa de manera más íntima y auténtica: Jud.
Jud nació en Brasil, país de raíces intensas, colores vibrantes y sabores que marcaron su infancia. La vida la llevó a recorrer distintos lugares del mundo, aprendiendo y absorbiendo miradas diversas que enriquecieron su forma de crear. Hace más de 30 años llegó a Chile, y desde hace dos décadas encontró en Puerto Varas el lugar perfecto para anclar su esencia. “Puerto Varas me robó el corazón. Aquí encontré naturaleza, calma y un espacio donde puedo crear con libertad. Hoy no tengo dudas de que este es mi hogar”, cuenta con la serenidad de quien ha aprendido a abrazar tanto los altos como los bajos de la vida.
Una creadora nata
Apasionada por la buena mesa, por lo estético, por la naturaleza y por el arte, Jud siempre supo que su camino estaría ligado a la creación. Cocinar, diseñar, dar vida a espacios y momentos que nutran tanto el cuerpo como el alma se convirtió en su manera de estar en el mundo. “Me inspira la adrenalina de crear, el desafío de dar forma a lo que nace de dentro. Ahí me encuentro de verdad”, dice.
Esa búsqueda la llevó a dar vida a A La Mesa, un proyecto que no nació de un plan rígido ni de un momento revelador, sino como una consecuencia natural de lo que ella es y ama. “A La Mesa fue surgiendo de manera orgánica, como una extensión de mi historia, de mis pasiones y de mi manera de ver la vida”, explica.
El alma de A La Mesa
Más que un emprendimiento, A La Mesa es un lenguaje. Un espacio que combina la estética, lo sensorial y lo emocional para generar experiencias con alma. Su propuesta va desde mesas temáticas, talleres y asesorías, hasta propuestas culinarias cuidadas y objetos que embellecen los rituales cotidianos. Todo con un sello en común: lo auténtico, lo artesanal y lo significativo. “Me enorgullece profundamente el cuidado que pongo en cada detalle. Nada es al azar. Desde la elección de ingredientes hasta la preparación de una mesa, todo tiene una intención”, cuenta. Esa dedicación se traduce en comentarios que son su mayor recompensa: “Lo que entregas tiene alma”, le dicen quienes participan de sus experiencias. Para Jud, esa es la confirmación de que su propuesta va más allá de lo tangible: busca conmover y generar conexión. “Quiero que quienes reciban algo de A La Mesa se sientan cuidados, inspirados, sorprendidos. Que perciban la historia y la energía detrás de cada creación”.
Talleres que inspiran
Uno de los espacios más significativos en la historia de A La Mesa son los talleres, encuentros que combinan sensibilidad, conocimiento y vivencias compartidas. “Son momentos en los que no solo transmito lo que sé, sino que también recibo. Se genera una energía muy especial en torno a la mesa, a lo manual, a lo estético y a lo emocional”.
El próximo será el 27 de septiembre, diseñado como una experiencia completa que coincide con un tiempo de florecimiento. Habrá sabores, objetos, colores y silencios, todo pensado para invitar a detenerse, reconectar y regalarse una pausa con sentido. Tendrá lugar en The Garden House (Llanquihue) y quedan los últimos cupos disponibles para participar (CLICK AQUÍ para más información)
Emprender con autenticidad
Como todo camino emprendedor, el suyo también ha tenido desafíos. “Lo más difícil fue enfrentar mis propias dudas”, reconoce. Apostar por un proyecto tan personal y creativo significó exponerse y confiar en que esa sensibilidad sería bien recibida. “También ha sido un reto sostenerlo en el tiempo sin perder el alma, equilibrando lo creativo con lo administrativo y lo monetario. Pero entendí que ambas partes son necesarias si quiero que A La Mesa siga creciendo”.
Ese aprendizaje también se refleja en lo que aconseja a quienes sueñan con emprender: “Hazlo si de verdad te mueve. Si nace desde la pasión y el amor, vale la pena. No necesitas tener todo claro, los caminos se van revelando en el andar. Pero sé paciente y flexible”.
Hoy, mirando hacia atrás, Jud siente orgullo de haber construido una comunidad que resuena con sus valores. Personas que saben sentir, que valoran lo auténtico, lo bello y lo hecho con amor. “Ese es mi mayor logro: haber creado algo que se sostiene sin traicionar su esencia y que toca a quienes entienden que lo simple también puede ser profundamente significativo”.
Esa conexión queda reflejada en testimonios de clientes que, incluso, le han compartido frases conmovedoras como: “No sabes lo que me ayudó tu taller. Sentí que volví a mí, que recordé quién era.” Para Jud, esos momentos no tienen precio, porque confirman que lo que hace tiene un impacto más allá de lo material.
Soñar hacia adelante
El futuro de A La Mesa se dibuja como un proyecto vivo, en constante evolución. Jud sueña con una línea de productos propia, colaboraciones con artistas y artesanos locales, y más experiencias itinerantes que lleven su propuesta a distintas ciudades. Pero, sobre todo, desea que el crecimiento no signifique perder el espíritu íntimo y artesanal que la caracteriza.
“Me imagino a A La Mesa consolidada, con nuevas formas de expresión, pero siempre fiel a su esencia. Creciendo, sí, pero con raíces profundas”.
Para Jud, trabajar en lo que ama es un privilegio y, al mismo tiempo, una decisión diaria. “Significa vivir con sentido. Cada día tiene un propósito que va más allá de lo externo. Me conecta conmigo, con lo que soy y con lo que quiero aportar al mundo”.
Con gratitud hacia quienes han confiado en ella y han acompañado este camino, Jud resume su proyecto en una frase que refleja su visión de vida:
“Haz de tu mesa una experiencia”.
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