Kike Rencoret: El arte de preservar la memoria a través de la fotografía

Hay artistas que logran capturar mucho más que una imagen: logran inmortalizar el alma de los lugares. Enrique Rencoret —o simplemente Kike, como todos lo conocen— es uno de ellos. Publicista y fotógrafo profesional, amante del paisaje, la naturaleza y la pintura, este santiaguino nacido en 1965 ha encontrado en el sur de Chile su mayor fuente de inspiración.

Desde pequeño, las artes visuales marcaron su vida. Admirador del impresionismo y de maestros como Claude Monet, Pablo Burchard, Pedro Lira y Juan Francisco González, Kike creció con la sensibilidad de quien ve en la luz y el color mucho más que una estética: una forma de sentir. “La pintura, la música y la fotografía han sido mis pasiones de toda la vida”, confiesa. “Son lenguajes distintos, pero todos hablan de lo mismo: de observar, de conectar, de transmitir”.

De la pintura al lente

Su historia con la fotografía fue una evolución natural. “Venía de pintar sobre madera, pero la inmediatez y la espontaneidad de la fotografía me sedujeron”, recuerda. “Compartir lo que me rodea en una imagen es realmente gratificante; he tenido más experiencias enriquecedoras con la fotografía que con la pintura”.
En 2016 decidió dejar definitivamente los pinceles y dedicarse por completo a la cámara, aunque todavía conserva con cariño la primera: una Zenit rusa analógica de los años 90. “Era otra época. Teníamos que esperar semanas para saber si las fotos habían salido bien. Esa incertidumbre tenía su encanto”, sonríe.

El origen de Memoria Visual Arquitectónica

Cuando Kike llegó a vivir a Puerto Varas en 2017, algo cambió. La demolición de una casa centenaria —que había fotografiado poco antes— marcó un antes y un después en su mirada artística. “Sentí que había encontrado mi objeto de inspiración: la arquitectura patrimonial del sur. Desde ese momento, supe que quería documentarla antes de que desapareciera”.

Así nació Memoria Visual Arquitectónica, un proyecto autogestionado que busca registrar y visibilizar las construcciones patrimoniales, formales e informales, de la cuenca del Lago Llanquihue. Su trabajo ha recorrido Puerto Varas, Llanquihue y Frutillar, con exposiciones itinerantes que han contado con el apoyo de la empresa privada. “Comenzó de manera orgánica, sin planearlo demasiado. Pero cuando compartí las fotos en redes, se generó una comunidad increíble, que entendió el valor de preservar visualmente nuestro patrimonio”.

Durante septiembre, su exposición estuvo en el Hotel Pettra y en la Galería Bosque Nativo; en octubre se trasladó al Teatro del Lago (donde permanecerá hasta el 9 de noviembre)para luego trasladarse por los últimos dos meses del año a la Galería CAMM y al Hotel Cabañas del Lago. Cada muestra es una oportunidad para revivir la historia arquitectónica del sur y fortalecer el sentido de identidad local.

Belleza, honestidad y propósito

Kike define su fotografía como “una fotografía conservacionista con un sello personal”. Es un trabajo que combina técnica, sensibilidad y respeto. “El público ha valorado la honestidad detrás de cada imagen. No busco el lucimiento personal, sino destacar al verdadero protagonista: el objeto fotografiado. Creo que eso se nota, y por eso la gente conecta”, dice.

Su proceso es meticuloso: estudia la luz, la composición, la exposición. Pero también hay un componente emocional que no se enseña. “El estado de ánimo y la sensibilidad influyen mucho. A veces es solo un momento, un lugar, una energía que te impulsa a capturar lo que ves”.

Desafíos, anécdotas y aprendizajes

“Cada sesión es un desafío”, confiesa. “La fotografía de arquitectura es más pausada, más reflexiva; la de naturaleza o aves, en cambio, exige inmediatez y precisión”.  Entre sus recuerdos más especiales está una fotografía de un búho que logró después de semanas de intentos. “Un día lo encontré tranquilo, pero no tenía mi cámara. Corrí a buscarla —media hora ida y vuelta— convencido de que no lo encontraría al volver. Pero ahí estaba, esperándome. Ese día entendí que la paciencia también forma parte del oficio”.

La fotografía como memoria colectiva

Para Kike, la era digital ha democratizado la fotografía, pero también plantea nuevos desafíos. “Hoy todos pueden tomar fotos, pero no todo registro tiene valor artístico o documental. En la fotografía analógica había una intención más consciente. Sin embargo, las redes han permitido algo hermoso: crear comunidad. En mi caso, los seguidores no solo comentan, también comparten sus propias memorias, y eso enriquece el relato. La imagen despierta recuerdos, y esos recuerdos complementan la obra”.

Lo que viene

Tras el éxito de Memoria Visual Arquitectónica, Kike ya proyecta nuevos horizontes. “Me gustaría publicar un libro que reúna estas imágenes y su trasfondo, como un testimonio de nuestra identidad arquitectónica. También quiero seguir exhibiendo, incluso a nivel nacional o internacional. Siento un compromiso tácito con el patrimonio: documentarlo, valorizarlo y compartirlo”.

Porque, al final, su trabajo es mucho más que una colección de fotografías. Es una invitación a mirar con otros ojos aquello que nos rodea cada día.
A detenernos, observar y recordar.

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