Papas de la Patagonia, al mundo! / www.patpot.cl / IG @patpotchips
En Puerto Varas; con el lago Llanquihue y los volcanes de testigos; nació una marca que ha sabido unir lo mejor de la ciencia agrícola, la tradición familiar y la innovación alimentaria: PatPot Chips.
Lo que hoy aparece en las góndolas de los principales supermercados del país no es simplemente una bolsa de papas fritas, sino el resultado de más de dos décadas de trabajo silencioso que transformó la riqueza genética de la papa chilena en un snack gourmet con identidad propia.
De NovaSeed a PatPot
La historia de PatPot no puede entenderse sin hablar de NovaSeed, la empresa matriz con más de veinte años de trayectoria en el mejoramiento genético tradicional de papas. Durante este tiempo, la familia detrás de PatPot se dedicó a estudiar, seleccionar y cruzar variedades con pigmentaciones intensas y resistencia natural, siempre bajo un proceso 100% natural y sin transgenia.
Este trabajo científico tenía un objetivo claro: aprovechar el valor único de las papas chilenas, que históricamente dieron origen a gran parte de las variedades que hoy se cultivan en todo el mundo. Gracias a este esfuerzo, se desarrollaron papas más sustentables, que requieren menos agua, menos fertilizantes y menos pesticidas, entregando un mayor rendimiento para la industria y una calidad superior para el consumo fresco.
“Esa es nuestra mayor fortaleza: sabemos exactamente de dónde viene cada papa, cómo fue cultivada y por qué tiene las características que la hacen única. Son más de 8 años de trabajo para saber si una variedad funciona o no, más 3 años de prueba en campo. En un mercado donde a veces pueden aparecer intentos de apropiarse de lo que nos ha costado años desarrollar, nosotros tenemos la tranquilidad de que PatPot se construye sobre un trabajo científico y agrícola serio, que nos pertenece; que está protegido y es completamente trazable.”
De proveedores a protagonistas
Durante años, la familia fue proveedora de papas de colores para otras marcas. Sin embargo, llegó un momento en que decidieron dejar de ser el origen silencioso y dar un paso al frente: crear su propia marca. El convencimiento era claro: al controlar todo el proceso —desde la semilla hasta la fritura y el envasado— podían ofrecer un chip premium, diferente a todo lo que existía en el mercado.
PatPot es, en ese sentido, un proyecto que reúne ciencia, tradición e innovación en un solo producto. Cada bolsa es el reflejo de años de investigación, pero también de pasión familiar y de un fuerte arraigo en la Patagonia.
Una propuesta de valor única
Lo que distingue a PatPot es su origen auténtico. A diferencia de otras marcas, no compran papas en el mercado abierto: trabajan únicamente con variedades propias, desarrolladas a lo largo de años de investigación. Ese nivel de trazabilidad les permite garantizar la calidad de cada chip y proteger un trabajo que es fruto de más de ocho años de desarrollo en laboratorio y tres años de pruebas en campo. Por eso, PatPot no es solo un snack distinto, es un producto con identidad, respaldado por ciencia y con una historia real detrás.
Además, en este camino han logrado consolidar alianzas estratégicas que les han permitido proyectarse a nivel internacional y nacional: con The Little Potato Company, en Canadá y Estados Unidos, donde hoy se comercializan variedades chilenas de papas baby; con Huertos del Ranco, en Chile, con quienes desarrollan líneas de gran aceptación en el mercado local; y con la Sociedad Experimental Papas Austral, agricultores que buscan mayor sustentabilidad y han encontrado en NovaSeed un aliado para lograrlo.
El desafío del retail
Uno de los grandes hitos de PatPot fue su ingreso a las principales cadenas de supermercados de Chile: Jumbo, Santa Isabel y Unimarc. Pero lejos de ser un camino sencillo, significó un proceso de profesionalización profunda.
El retail exige mucho más que un buen producto: certificaciones, etiquetados, logística precisa, cumplimiento de plazos y un estándar de excelencia que no admite errores. Para PatPot, entrar fue solo el primer paso. Lo realmente complejo ha sido mantenerse, lo que implica un esfuerzo constante en reposiciones, contacto con encargados de sala, apoyo con material de visibilidad y un engranaje logístico que debe funcionar a la perfección.
“Estar en las góndolas es una validación, pero sobre todo es una responsabilidad”, señalan desde la empresa. Cada bolsa exhibida representa no solo un snack, sino también el trabajo de un equipo comprometido con la calidad.
El alma familiar del proyecto
Si bien la ciencia y la innovación son pilares de PatPot, lo que le da identidad a la marca es su carácter familiar. Detrás de cada decisión, logro y obstáculo está la unión de una familia que ha hecho de este proyecto su forma de vida.
Sus hijos, aunque siguieron caminos profesionales distintos, se mantienen como apoyo constante y ven en PatPot el reflejo de años de esfuerzo. “Trabajar en familia significa compartir todo: los sacrificios y también las alegrías. Ver una bolsa de PatPot en una góndola no es solo un logro empresarial, es un motivo de orgullo compartido”, cuentan.
Innovación como ADN
Para PatPot, innovar no significa hacer algo distinto por el solo hecho de diferenciarse. Innovar es una disciplina, un proceso continuo que atraviesa todas sus áreas.
En NovaSeed, la innovación se expresa en variedades más sustentables y resistentes, desarrolladas en alianza con universidades como la de La Frontera, con quienes llevan más de diez años investigando el valor nutricional de la papa. En PatPot, esa innovación se traduce en productos: chips con colores naturales y un perfil gourmet, y el desarrollo de nuevas líneas que pronto sorprenderán al mercado.
Actualmente trabajan en proyectos inéditos a nivel mundial dentro del segmento de papas procesadas, con el potencial de marcar un antes y un después en la categoría. “Innovar es lo que nos mueve y lo que asegura que PatPot siga siendo una marca con identidad local, pero también con visión global”, señalan.
El equilibrio entre ser un producto diferenciado, la gestión rigurosa y la coherencia de la fidelidad a su identidad agrícola y familiar, sin imitar modelos existentes; es lo que ha permitido que PatPot sea reconocida como una marca auténtica y con proyección.
Orgullo local y expansión nacional
Hoy, PatPot está presente en supermercados, emporios y tiendas gourmet de todo el país. Pero más allá de Santiago, la marca tiene un orgullo especial por el reconocimiento alcanzado en su propia zona: en Puerto Varas y Puerto Montt, las ventas están al nivel de las mejores salas de la capital.
Ese apoyo local no solo valida su trabajo, sino que refuerza el sentido de pertenencia y motiva a seguir creciendo. A futuro, esperan expandirse aún más en la zona y consolidar su presencia a nivel nacional con nuevos productos que mantengan su sello patagónico.
Desde su experiencia, la familia de PatPot comparte un consejo para quienes sueñan con emprender: “Emprender es apasionante, pero también exigente. No basta con una buena idea: hay que capacitarse, profesionalizar cada área y tener la disciplina para sostener el proyecto en el tiempo. Los obstáculos son parte del camino, pero la convicción es lo que permite avanzar. Crean en su producto, manténganse fieles a su identidad y nunca dejen de innovar”.
El futuro de PatPot
El camino de PatPot recién comienza. Con la innovación como motor, la marca ya prepara lanzamientos que sorprenderán al mercado, siempre con el mismo sello: productos premium, auténticos y con raíces patagónicas.
PatPot Chips no es solo un snack. Es el resultado de ciencia, tradición e innovación, una historia familiar que desde Puerto Varas se proyecta al mundo.
IG @patpotchips










