Todos necesitamos una pausa

¿Hace cuanto no te tomas un break? ¿Por qué es tan difícil parar? 

Por: Milagros Rojas  IG @prof.milagrosrojas

Todos los días al abrir los ojos, sin aún salir de la cama, nuestra mente se pone en marcha y nos conduce a una lista de cosas por hacer. Algunos de esos pensamientos tienen que ver con nuestro diario vivir como preparar el desayuno, ordenar nuestro armario o simplemente elegir la ropa para ir a trabajar. Otros rondan nuestra mente inquietándonos, porque nos conectan con metas u objetivos que quisiéramos alcanzar.

Pensar y conectarnos con nuestra cotidianidad o con nuestros deseos, no está mal: el presente nos llama a la acción, mientras que lo colocado en el futuro justifica lo que hoy hacemos, eso es vivir. Sin embargo, en algunas ocasiones pensar nos abruma y nos conduce a una sensación de inconformidad o de apatía que logra convertirse en mal humor, tristeza o angustia, imposibilitando el disfrute de lo cotidiano. ¿Te ha pasado?

El origen de estos pensamientos puede ser cualquiera: lo que escuchamos, vemos o experimentamos en nuestro entorno puede mover a nuestro ser. En la mayoría de las ocasiones son situaciones que definitivamente tienen que ver con nosotros y que de alguna manera podemos resolver, pero otras se presentan como fantasmas que nos sacan de nuestro centro, nos inquietan y no podemos explicar el por qué.  Cuando esto sucede conviene hacer una pausa, la necesaria para ordenar y depurar nuestros pensamientos.

 

¿Por qué cuesta tanto detenerse?

Venimos de una cultura del hacer y donde poco podía concebirse el darse una pausa. “No te detengas», «sigue adelante» e inclusive el «tú puedes», nos colocó sin mala intención en una fuerte lucha por superar retos. Nos hicieron entender que las acciones debían ir dirigidas a lograr metas y reconocimientos y el equivocarse o errar, no se entendía como una posibilidad para el aprendizaje y el crecimiento.

Sentir poco se tomaba en cuenta y si éste nos invitaba a detenernos o mostrar nuestra vulnerabilidad era mejor no expresarlo, eso podía hacernos perder oportunidades. Esa forma de pensar añadió a la vida la angustia por no querer quedarnos fuera y por supuesto, se instauró en el inconsciente el no me puedo detener.

Permitamos la pausa

Vivir es un proceso de construcción que nos enfrenta a situaciones diversas y lo importante es saber qué hacer con ellas. En un poema o en una pieza musical, las palabras utilizadas, el darle los tiempos y la entonación adecuada, hacen de ellos hermosas obras de arte. En la vida, una pausa puede ayudarnos a reconocer lo que realmente estamos necesitando y aliviar la angustia de buscar afuera lo que poseemos por naturaleza.

 La construcción del hermoso regalo de la vida, nos exigirá seguramente muchas pausas y tal vez nunca termine, pero tomará su mejor forma cuando podamos disfrutarlo en armonía con nosotros mismos y compartirlo a plenitud con nuestros seres queridos.

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